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 EL LIBRO DE LA MAGIA SAGRADA DE ABRAMELIN EL MAGO

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Noir
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MensajeTema: EL LIBRO DE LA MAGIA SAGRADA DE ABRAMELIN EL MAGO   Sáb Mar 23, 2013 3:48 pm


EL LIBRO DE LA MAGIA
SAGRADA
DE
ABRAMELIN EL MAGO.


INTRODUCCION
Quizá debido a la circunstancia de que el indispensable "Baedecker" reacuerda solamente una nota de tres o cuatro líneas a la "Bibliothéque deI'Arsenal", son pocos los ingleses o norteamericanos que visitan París que estén familiarizados con su nombre, situación o contenido, aunque casi todos conozcan, por lo menos de vista, la "Bibliothé que Nationale" y la "Bibliothéque Mazarin".
A esta "Biblioteca del Arsenal", como ahora se la llama, la fundó como colección privada Antoine René Voyer D'Argenson, Marqués de Paulny; y se inauguró para el público el 9 de Floreal, en el quinto año de la República Francesa (lo que equivale a decir, el 28 de abril de 1797), o sea, un siglo atrás. Este Marqués de Paulny nació en 1722, murió en 1787 y, sucesivamente, fue Ministro de Guerra y Embajador en Suiza, Polonia y la República de Venecia. Consagró sus postreros años a la formación de esta Biblioteca que, según se dice, es una de las más ricas colecciones privadas que se conoce. En 1785 la adquirió el Conde D'Artois, y actualmente pertenece al Estado. Está situada sobre la margen derecha del Sena, en la calle de Sully, cerca del río, y no lejos de la Plaza de la Bastilla, y se la conoce como la "Bibliothéque del' arsenal". En números redondos, posee en la actualidad 700.000 libros impresos, y alrededor de 8.000 manuscritos, muchos de los cuales son de considerable valor.
Entre estos últimos está este Libro de la Magia Sagrada de Abramelín, como se lo legara Abraham el Judío a su hijo Lamec, que ahora entrego al público en forma escrita por primera vez.
Hace muchos años, a través de un célebre ocultista que ya murió, me enteré de la existencia de este manuscrito; y más recientemente me llamó la atención nuevamente sobre el particular mi amigo personal, el bien conocido autor, disertante y poeta francés, tules Bois, quien durante algún 4
tiempo se dedicó a temas ocultistas. Quien me informó sobre el libro por primera vez me dijo que Bulwer Lytton y Eliphas Lévi lo conocían; que el primero había basado parte de su descripción del sabio rosacruz Mejnour en la de Abramelín, mientras que el relato del denominado Observatorio de Sir Philip Derval en la "Extraña Historia" había sido, en cierta medida copiado y sugerido por la del Oratorio Mágico y la Terraza, que aparece en el Capítulo XI del Libro 2 de esta obra. Ciertamente, también la modalidad
de instrucción que Mejnour aplica en "Zanoni" al neófito Glyndon, junto con la prueba de dejarlo solo en su casa para seguir un corto viaje y luego regresar inesperadamente, se relaciona de modo estrechamente similar con el empleado por Abramelín respecto de Abraham, pero con esta diferencia: que este último atravesó satisfactoriamente esa prueba, mientras Glyndon fracasó. Asimismo, y de manera especial, serían los experimentos descriptos extensamente en el Libro 3, los que el autor de la "Extraña Historia" tuvo en vista cuando a Sir Philip Derval, en la biografía del manuscrito, le hace hablar de ciertos libros que describen experimentos ocultistas, algunos de los cuales él ensayó y, para su asombro, resolvió satisfactoriamente.
Este extraordinario y singular manuscrito de la Magia Sagrada de Abramelin, del que fue traducida la presente obra, es una traducción francesa del original hebreo de Abraham el Judío. Se halla en el estilo de escritura de fines del siglo XVII y comienzos del XVIII y, aparentemente lo ejecutó la misma mano que otro manuscrito de la Magia de Picatrix, 1
1 Probablemente se trate del mismo Gio Peccatrix el Mago, autor de muchos manuscritos sobre magia.
Que también se halla en la "Biliothéque del' arsenal". No conozco que exista otra copia o réplica de esta Magia Sagrada de Abramelín, ni siquiera en el Museo Británico, cuya enorme colección de Manuscritos Ocultistas he
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estudiado muy acabadamente. Tampoco tuve jamás noticias, a través de tradiciones, sobre la existencia de algún otro ejemplar. 2.
2. Desde que escribí esto, casualmente me enteré que se dice que en Holanda existe una copia de, por lo menos, una parte o tal vez de todo el texto.
Por tanto, al entregarlo ahora al público, creo que confiero un real beneficio a los estudiosos del ocultismo, poniendo a su alcance, por primera vez, una obra sobre Magia de semejante importancia desde el punto de vista del ocultismo.
Este manuscrito se divide en tres Libros, cada uno de los cuales tiene su Portada separada, cuyo margen está bordeado por adornos de un dibujo sencillo, en tinta roja y negra, y que, evidentemente, no tiene el mínimo propósito simbólico, sino que se trata sencillamente del trabajo de un calígrafo escrupuloso que deseó dar a la Portada una apariencia pulcra y completa. Cada Portada tiene la misma inscripción:
"Livre Premier, Secánd o Troisième, (según sea el caso) de la Sacrée Magie que Dieu donna de Moise, Aaron, David, Salomon et d d'autres Saints Patriarches et Prophètes qui enseigne la vraie sapience Divine laissée par Abraham de Lamech son Fils traduite de I'hébreu 1458".
Al comienzo de cada uno de los Tres Libros presento el título traducido. En la guarda del manuscrito original se halla la siguiente nota con la escritura manuscrita de fines del siglo XVIII:
"Este volumen contiene 3 Libros, de los cuales he aquí el primero. Abraham y Lamec, de quienes aquí se hace referencia, fueron judíos del siglo XV, y es bien sabido que los judíos de ese período, que poseían la Cábala de Salomón, eran considerados los mejores Hechiceros y Astrólogos."
Luego, y con otra mano más reciente, dice:
"Volumen compuesto por tres partes:
Parte 1: 102 páginas.
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Parte 2: 194 páginas.
Parte 3: 117 páginas.
413 páginas.
Junio de 1883"
El estilo del francés empleado en el texto del manuscrito es algo vago y oscuro, dos cualidades que, desdichadamente, aumentan por la ausencia casi total de todo intento de puntuación, y por el comparativamente raro ordenamiento en párrafos. Habitualmente, se omite hasta el punto al término de una frase, y tampoco se señala con mayúscula el comienzo de una nueva frase. El ejemplo siguiente lo tomamos casi del final del Libro 3:
"C'est pourquoi la première chose que tu dois faire principalement ates esprits familiers sera de leur commander de ne te dire jamais aucune chose deuxièmes que lorsque tu les interrogeras a moins que/es fut pour t'avertir des choses que concerne ton utilité outon préjudice parce que situ ne lier limite pas le palier ils te diront tant etdesi grandes choses qu//s tofusquiront l'entendement et tu ne scaurois aquoy tentenir de sorte que dans la con fusion des choses ils pourraient te faire prévariquer ettefaire tomber dans es erreurs irréparables ne te fais jamais prier en aucune chose ou tu hourras aider et sec courir ton prochain et n'attends pas qui telle demande ais tache descavoir afond", etc.
Este extracto puede decirse que da una mediana idea de la calidad promedio del francés. Sin embargo, el estilo del libro 1 es mucho más coloquial que el del Libro 2 y del Libro 3, Abraham se dirige especialmente a su hijo Lamec, y en todo ese texto se usa la segunda persona del singular. Como algunos lectores tal vez ignoren el hecho, quizá sea bueno observar aquí que, en francés, el "tú" sólo se usa entre amigos y relaciones de tipo muy íntimo, entre esposos, amantes, etc.; mientras que el "vos" es el modo más habitual de dirigirse al mundo en general.
Asimismo, en los libros sagrados, en las oraciones etc., se usa el "vos" (vous). Aquí, el verbo francés "tutoyer", "ser muy familiar con, estar en términos extremadamente amistosos con alguien, e incluso ser insolentemente
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familiar". Este Libro 1 contiene consejo acerca de la Magia, una descripción de los viajes y experiencias de Abraham, y también una mención de las muchas maravillas que él pudo realizar por medio de este sistema de Magia Sagrada. Los Libros 2 y 3 que realmente contienen la Magia de Abramelín, y se basan, prácticamente, en los dos manuscritos que él le confiara a Abraham el Judío, pero con comentarios complementarios de este último. Difieren en estilo del primero, la fraseología es arcaica y en ocasiones vaga, y en la mayor parte se usa la segunda persona del plural "vous" en lugar de "tu".
A grandes rasgos, pues, la obra puede clasificarse así:
Libro 1: Consejo y Autobiografía; ambos dirigidos por el Autor a su hijo Lamec.
Libro 2: Descripción general y completa de los medios para obtener los Poderes Mágicos que se deseen.
Libro 3: La aplicación de estos Poderes para producir una cantidad inmensa de resultados Mágicos.
Aunque los capítulos de los Libros 2 y 3 tienen títulos especiales en el texto real, los del Libro 1 no los tienen; en consecuencia, en el "Índice" cubrí esa falta con un cuidadoso análisis de su temática.
Este sistema de Magia Sagrada, Abraham reconoce haberlo recibido del Mago Abramelín; y afirma que él, personal y realmente, realizó la mayoría de los efectos prodigiosos descriptos en el Libro 3, y además muchos otros.
¿Quién fue, entonces, este Abraham el Judío? Aunque esto no se menciona en el manuscrito, es posible que fuera un descendiente de aquel Abraham el Judío que escribió la célebre obra alquímica en veintiuna páginas de corteza o papiro, que llegó a manos de Nicolás Flamel, y mediante cuyo estudio se dice que éste último llegó a poseer, oportunamente, la "Piedra filosofal". Los únicos restos de la Iglesia de Saint Jacques de la Boucherie que existen en la
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actualidad, son la torre, que se alza cerca de la Place du Chátelet, a unos diez minutos de caminata desde la "Bibliotheque del' arsenal"; y todavía existe, cerca de esta torre, una calle que lleva el nombre de "Rue Nicolas Flamel", de modo que su recuerdo aún sobrevive en París, junto con el de la Iglesia cerca de la cual vivió y en la que, luego de lograr la Piedra Filosofal, él y su esposa Pernelle hicieron erigir un hermoso peristilo.
Por lo que él mismo relata, el autor de la presente obra parece haber nacido en el año 1362 de nuestra era, y haber escrito este manuscrito para su hijo Lamec en 1458, teniendo a la sazón 96 años. Es decir, que fue contemporáneo de Nicolás Flamel y Pernelle, y también del místico Christian Rosenkreutz, fundador de la Célebre Orden o Fraternidad Rosacruz en Europa. Como ocurrió con este último, parece que muy tempranamente se apoderó de él, el deseo de obtener el Conocimiento Mágico; como él y Flamel, abandonó su hogar y viajó en busca de la Sabiduría iniciática; como ambos, volvió para convertirse en un realizador de prodigios. En este período, casi universalmente se creía que el Conocimiento Secreto sólo podían obtenerlo, en realidad, los que tenían voluntad como para abandonar su hogar y su país para experimentar peligros y penurias en su búsqueda; y esta idea, hasta cierto punto, subsiste aún hoy. La vida de la extinta Madame Blavatsky es un ejemplo adecuado.
Este periodo en el que vivió Abraham el Judío fue uno en el que se creta casi universalmente en la Magia, y en el que a sus Profesores se los honraba; Fausta (probablemente un contemporáneo también de nuestro autor), Cornelio Agrippa, Sir Michael Scott y muchos otros que yo podría nombrar, son ejemplos de esto, para no mencionar al célebre doctor Dee, en una época posterior. La historia de este último Sabio, su asociación con Sir Edward Kelly, y el papel que representó en la política europea de su tiempo son demasiado bien conocidos como para que sea menester describirlos aquí.
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Para todo aquel que lea esta obra, es evidente que Abraham el Judío en nada estaba en zaga, respecto de cualquiera de estos Magos, en influencia política. Se alza como una figura borrosa y oscura detrás de la complicación tremenda de una Europa central agitada en aquella época terrible e instructiva, como los Adeptos de sus características aparecen y aparecieron siempre en el teatro de la historia durante las grandes crisis de las naciones. Era la época en que tres rivales podían jactarse, simultáneamente, de reclamar la dirección dé dos de las máximas palancas de la sociedad de ese tiempo (el Papado y el Imperio Germánico), cuando los celos de los Obispados rivales, el derrocamiento de las Dinastías, la Iglesia Romana sacudida en sus cimientos, tocaban a rebato en esa terrible lucha que invariablemente precede a la reorganización social, a ese torbellino salvaje de convulsión social que traga en su vórtice a la civilización de ayer para preparar la reconstitución de un mañana. Siempre se minimiza, y por lo general se pone en duda la enorme importancia histórica de hombres como nuestro Autor; no obstante que, a semejanza de la frase inscripta en la pared en la fiesta de Baltasar, su manifestación en el campo político e histórico es como la advertencia de un Mene, Mene Tekel, Upharsin a un mundo necio y carente de discernimiento.
La historia completa y verdadera de cualquier Adepto sólo la podría escribir el Adepto mismo, y aun entonces, si se la expusiera ante la vista del mundo en general, ¿cuántas personas le darían crédito? E incluso será cabalmente increíble para la mayoría de los lectores la breve e incompleta enunciación de los notables acontecimientos de la vida de nuestro Autor, contenida en el Libro 1. Pero, lo que deberá conmover a todos por igual es la tremenda fe del hombre mismo, como lo testimonian sus muchos y peligrosos viajes durante tantos años a través de regiones y lugares agrestes y salvajes de difícil acceso, incluso en nuestro tiempo, con todas las acrecentadas facilidades de tránsito de que disfrutamos. A la larga, esta fe le brindó su
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recompensa, aunque sólo en el momento en el que hasta él se estaba desanimando y contristando, defraudada su esperanza. Como su gran homónimo, el antepasado de la raza hebrea, no en vano abandonó su hogar, su "Ur de los caldeos", para al final descubrir la Luz de la Sabiduría Iniciática, por la que su alma clamara a gritos, dentro de él, durante tantos años. Esta culminación de sus viajes fue su encuentro con AbraMelin, el Mago egipcio. De él recibió el sistema de instrucción y práctica mágicas que forma el cuerpo de los Libros 2 y 3 de esta obra.
En el manuscrito original este nombre se escribe de diferentes modos; cada vez que esto ocurre, lo señalo en el texto. Las variaciones son: Abramelín, Abramelín, Abramelím y AbrahaMelín. De éstos seleccioné la ortografía Abramelín para colocarla en la portada, y adherí al mismo en esta Introducción.
Por lo que puede colegirse del texto, el sitio principal de residencia de Abraham el Judío después de sus viajes fue Würzburg, o, como se la llamaba en la Edad Media, "Herbipolis". Parece que se casó con su prima, que le dio dos hijos, el mayor, llamado José, a quien instruyó en los Misterios de la Sagrada Cábala, y Lamec, el mejor, a quien lega este sistema de Magia Sagrada, y a quien está dirigido todo el Libro 1.
Además, habla de tres hijas, a cada una de las cuales les dio 100.000 florines de oro como dote. Expresamente declara que obtuvo, tanto a su esposa como a un tesoro de 3.000.000 de florines de oro, por medio de algunas Operaciones Mágicas descriptas en el Libro 3. Además, admite que su primera inclinación hacia los estudios cabalísticos y mágicos se debió a ciertas instrucciones sobre los Secretos de la Cábala que recibió de su padre Simón, cuando era joven; de modo que, luego de morir su padre, su deseo más ferviente fue viajar en busca de un Maestro Iniciado.
Para el estudioso serio y fervoroso del Ocultismo, esta obra no podrá carecer de valor, como estímulo para la muy extra ordinaria y necesaria cualidad que es la fe in conmovida;
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como ayuda para que discrimine entre los sistemas verdaderos y falsos de la Magia; o como presentación de un conjunto de directivas para producir efectos mágicos que el Autor del libro afirma que ensayó con buenos resultados.
Especialmente valiosas son las observaciones de Abraham el judío sobre los diversos Profesores del "Arte que nadie puede nombrar" en el transcurso de sus viajes; el relato de los muchos prodigios que realizó; y, sobre todo, la esmerada clasificación de los Experimentos Mágicos en el Libro 3, junto con sus observaciones y consejos correspondientes.
No menos interesantes son las muchas personas notables de esa época en favor de las cuales, o contra las cuales, realizó prodigios: el Emperador Segisrnundo de Alemania; el Conde Federico el Pendenciero; el Obispo de su ciudad (probablemente Juan 1, quien inició la fundación de la Universidad de Würzburg en 1403 con la autorización del Papa Bonifacio IX, o Echter von Mespelbrunn, quien completó la misma noble obra); el Conde de Warwick; Enrique VI de Inglaterra; los Papas rivales: Juan XXIII, Martín V, Gregorio XII y Benedicto XIII; el Concilio de Constanza, el Duque de Bavaria; el Duque Leopoldo de Sajonia; el Emperador griego, Constantino Paleólogos; y probablemente el Arzobispo Alberto de Magdeburgo; y asimismo algunos dirigentes usiítas: una nómina célebre en la historia de esa época agitada.
Si consideramos la época en la que nuestro Autor vivió, y la nación a la cual perteneció, parece que sus opiniones religiosas eran más bien amplias; pues no sólo insiste en que este sistema Sagrado de la Magia lo puede alcanzar cualquiera, ya sea judío, cristiano, mahometano o pagano, sino también advierte continuamente a Lamec contra el error de cambiar la religión en la que uno fue criado; y alega esta circunstancia como la razón de los ocasionales fracasos del Mago José de París (la única persona que menciona, además de él mismo y AbraMelín, que estaba familiarizada con este particular sistema de la Magia), quien
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luego de haber sido criado como cristiano, renunció a su fe y se hizo judío. En primer lugar, no parece claro, desde el punto de vista ocultista, qué particular perjuicio oculto debería atribuirse a tal línea de acción. Pero debemos recordar que, en su época, convertirse a otra religión significaba invariablemente renunciar y negar, de modo absoluto, solemne y cabal, a toda verdad de la religión que el converso profesara anteriormente. Aquí radicaría el peligro, porque cualesquiera que sean los errores, la corrupción o los desaciertos de toda forma particular de religión, todas tienen como base y origen el reconocimiento de los Poderes Divinos Supremos. Por tanto, negar cualquier religión, (en vez de sólo abjurar de sus partes equivocadas o erróneas) equivaldría a negar formal y ceremonialmente las verdades en la que se fundara originalmente; de modo que siempre que una persona hubiera hecho esto una vez, y empezase a practicar las Operaciones de la Magia Sagrada, se vería obligada a afirmar con toda la fuerza de su voluntad aquellas mismas fórmulas que otrora, mágica y ceremonialmente, (aunque ignorantemente) negó; y siempre que intentara hacer esto, la oculta Ley de Reacción alzaría como un Obstáculo Ceremonial contra el efecto que él deseara producir, el recuerdo de aquella Negación Ceremonial que su anterior renuncia sellara firmemente en su atmósfera. Y la fuerza de esto estaría en proporción exacta a la manera y al grado en que renunció a su credo anterior. Pues de todos los obstáculos para la acción Mágica, el máximo y más fatal es la incredulidad, pues contrarresta y detiene la acción de la Voluntad. Observamos esto hasta en las operaciones naturales más comunes. Ningún niño podría aprender a caminar, ningún estudiante podría asimilar las fórmulas de cualquier ciencia, si lo primero que existiese en su mente fuese impracticable e imposible de realizarlo. Es por ello que todos los Adeptos y Grandes Maestros de la Religión y de la Magia insistieron invariablemente sobre la necesidad de la fe.
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Pero aunque aparentemente su criterio es más amplio al admitir la excelencia de todas las religiones, por desgracia evidencia la injusticia y los celos que son habituales, respecto de las mujeres, que distinguieron a los hombres durante tantos siglos, y que, por lo que puedo observar surge pura y sencillamente de ser innatamente conscientes de que, una vez que las mujeres compitieran con ellos en cualquier plano, sin impedimentos, como ocurrió durante tantos siglos, ellas demostrarían prontamente su superioridad, como lo hicieron las amazonas de la antigüedad; las cuales (como a regañadientes lo admiten los escritos de sus especiales enemigos, los griegos) cuando fueron vencidas, lo fueron por un número superior de rivales, no por valor superior. Sin embargo, Abraham el Judío admite de mala gana que la Magia Sagrada puede ser obtenida por una virgen, ¡mientras, al mismo tiempo disuade a que nadie se la enseñe! La mejor contestación a esto es la numerosa cantidad de mujeres avanzadas que hoy en día estudian ocultismo.
Pero no obstante los defectos antedichos, es digno del máximo respeto su consejo sobre la manera de usar el Poder Mágico, cuando se lo adquiere, para honra de Dios, bienestar y alivio de nuestro prójimo y beneficio de toda la Creación Animada; y nadie podrá leerlo sin sentir que su deseo supremo era actuar según su creencia.
Sin embargo, su consejo de una vida retirada después de lograr el Poder Mágico con su sistema (no hablo del retiro durante la preparación de seis meses para el mismo) no es confirmado por lo que él cuenta de su vida, en la que le encontramos envuelto tan constantemente en los conflictos y convulsiones de la época. Asimismo, por mucho que parezca abogarse por la vida de un ermitaño o anacoreta, raras veces descubrimos que la sigan los Adeptos a quienes tal vez podemos llamar los iniciados y operadores de prodigios que median entre los Grandes Maestros Ocultos y el Mundo Exterior. Un ejemplo del primer tipo podemos encontrarlo en nuestro Autor, y del segundo tipo en AbraMelín.
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El esquema o el sistema de la Magia por el que se aboga en la presente obra es, en cierta medida, sui generis, pero sólo en cierta medida. Lo que lo torna singular es la manera de su aplicación. En la Magia, es decir, en la Ciencia del Control de las Fuerzas Secretas de la Naturaleza, hubo siempre dos grandes escuelas: una grande en el Bien, la otra en el Mal; la primera, la Magia de la Luz; la segunda, la de las Tinieblas; la primera, dependiente habitualmente del conocimiento y la invocación de las naturalezas Angélicas; la segunda, dependiente del método de evocación de las razas Demoníacas.
Habitualmente, a la primera se la denomina Magia Blanca, en contraposición a la segunda, la Magia Negra.
La invocación de las Fuerzas Angélicas es, pues, una idea común en las obras de Magia, como también lo son las Ceremonias de Pacto con los Espíritus Malignos y sumisión a éstos. Sin embargo, el sistema enseñado en la presente obra se basa en el siguiente concepto:
a) Que los Espíritus Buenos y los Poderes Angélicos de la Luz son superiores en poder a los Espíritus Caídos, de las Tinieblas;
b) Que a estos últimos, como castigo, se les condenó a servir a los Iniciados de la Magia de la Luz; (esta idea se hallará también en el Corán, o como con frecuencia, y tal vez más correctamente se escribe: "Qiaran");
c) Como consecuencia de esta doctrina, todos los efectos y fenómenos materiales corrientes son producidos por el trabajo de los Espíritus Malignos, habitualmente bajo las órdenes de los Espíritus Buenos y angélicos;
d) Que, en consecuencia, siempre que los Demonios Malignos pueden eludir el control de los Espíritus Buenos, no hay maldad que no realicen a modo de venganza;
e) Que, por lo tanto, con más rapidez que obedecer al hombre, ellos procurarán convertirlo en su siervo, induciéndolo a celebrar Pactos y Acuerdos con ellos;
f) Que para fomentar este proyecto, usarán todos los medios que se le ofrezcan para obsesionarlo;
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g) Que a fin de ser Adepto, y por tanto dominarlos, es necesario la máxima firmeza posible de la voluntad, la pureza de alma y propósito, y la fuerza de control personal; h) Que esto sólo se logrará mediante abnegación en todos los planos;
i) Que, por lo tanto, el hombre es la naturaleza media, y el control natural de la naturaleza media entre los Ángeles y los Demonios, y que, en consecuencia, cada hombre tiene asignado naturalmente un Ángel Guardián y un Demonio Malévolo, y asimismo ciertos Espíritus que pueden ser Familiares, de modo que a él le compete dar la victoria a los que él quiera; y
j) Que, por lo tanto, a fin de controlar y servirse de los Inferiores y los Malignos, es necesario el conocimiento de los Superiores y los Buenos (o sea, en el lenguaje de la Teosofía de la actualidad, el conocimiento del Yo Superior).
De esto resulta que el magnum opus propuesto en esta obra es: obtener mediante la pureza y abnegación el conocimiento de nuestro Angel Guardián y la conversación con éste, para que, de este modo y de allí en adelante, podamos obtener el derecho a usar a los Espíritus Malignos como nuestros siervos en todos los asuntos materiales.
Este es, pues, el sistema de la Magia Secreta de AbraMelín, el Mago, como lo enseñara su discípulo Abraham el judío, y como lo estudiara en sus mínimos pormenores. Salvo en los declarados Grimorios de Magia Negra, en las operaciones de evocación descriptas y enseñadas en Manuscritos Mágicos Medievales y en obras publicadas se insiste invariablemente sobre la necesidad de invocar a las Fuerzas Divinas y Angélicas para controlar a los Demonios. De modo que, como ya dije, lo insólito no es tanto esta circunstancia sino el modo de su desarrollo mediante la preparación de las Seis Lunas; mientras que, asimismo, no se encontrará en otra parte la concienzuda y completa clasificación de los Demonios y sus oficios, y de los efectos que se producirán con sus servicios.
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Lo que tiene particular valor propio, aparte del interés que suscite la descripción de sus viajes, es la esmerada manera con que Abraham menciona a las diversas personas con las que se encontró y que confesaron estar en posesión de poderes Mágicos, lo que ellas realmente pudieron y no pudieron hacer, y las razones de los buenos resultados o del fracaso de sus experimentos.
No es insólita la idea de emplear un niño como clarividente en la invocación del Angel Guardián; por ejemplo, en el "Mendal", estilo de Adivinación Oriental familiar a todos los lectores de la novela de Wilkie Collins, "La Piedra Lunar", se derrama tinta en la palma de la mano de un niño, quien, luego que el Operador recita ciertas palabras místicas, observa allí visiones de modo clarividente. La célebre evocación de la que se dice participó el gran escultor renacentista Benvenutto Cellini, también se realizó, en parte, con la ayuda de un niño como vidente. Cagliostro 3 también se valió, según dicen, de los servicios de niños a este respecto. Pero, por mi parte, no puedo entender la necesidad imperiosa de emplear un niño en la evocación angélica, si el Operador es de mente pura y desarrolló la facultad clarividente que está latente en todo ser humano, y que se basa en la utilización de la visión del pensamiento. Esta visión del pensamiento la ejercitan casi todos inconscientemente al pensar en un lugar, una persona o una cosa que conocen bien; de inmediato, coincidente con el pensamiento, brota la imagen ante la vista mental; y el desarrollo consciente y voluntario de ésta es la base de lo que comúnmente se llama clarividencia. Entre los montañeses de Escocia, esa facultad, como es bien conocida, es de manifestación común; y los ingleses hablan habitualmente de ella como de una "Segunda Vista".
Por desgracia, como muchísimos ocultistas modernos, Abraham el Judío revela marcada intolerancia hacia los sistemas mágicos que difieren de los de él; ni siquiera el famoso nombre de Petrus di Abano es suficiente para salvar al "Heptamerón o Elementos Mágicos" de la condenación en la parte final del Libro 3. Las obras sobre
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Magia, los Conjuros escritos, los Pentáculos, Sellos y Símbolos, el empleo de Círculos Mágicos, y el uso de cualquier idioma salvo la propia lengua materna, parecen a primera vista ser condenados en su totalidad, aunque al examinar el texto con más cuidado creo que lo que él más bien se propone es vituperar su abuso por ignorancia de su significado, que su uso inteligente y regulado adecuadamente.
3 Ver Apéndice B.
4 Nacido hacia el año 1250.
Será conveniente examinar esmeradamente aquí estas cuestiones desde el punto de vista ocultista de un Iniciado, y para beneficio de los estudiosos reales.
En varios lugares, Abraham insiste en que la base de este sistema de Magia Sagrada ha de encontrarse en la Cábala. Ahora bien, expresamente declara que instruyó a su hijo mayor, José, por su derecho de primogenitura, tal como él mismo recibiera algo de instrucción cabalística de su padre, Simón. Pero este sistema de la Magia lo lega a su hijo menor, Lamec, expresamente como una especie de recompensa por no habérsele enseñado la Cábala, pues su status de hijo menor era aparentemente una grave descalificación tradicional. Por ser esto así, es evidente la razón de por qué previene a Lamec contra el uso de ciertos
Sellos, Pentáculos, palabras incomprensibles, etc.; porque la mayoría de estas cosas se basan en los secretos de la Cábala, su uso por parte de una persona ignorante de ella podría ser excesivamente peligroso a través no sólo de la posible sino de la probable perversión de las fórmulas secretas allí contenidas. Todo estudioso avanzado del Ocultismo, versado en obras medievales sobre la Magia, ya sean éstas manuscritas o impresas, conoce la cantidad enorme e increíble de errores existentes en las Rúbricas, los Pentáculos y los Nombres hebreos o caldeos, que surgieron de una trascripción y una reproducción ignorantes; y esto llegó a un punto tal que, en algunos
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casos, el uso de las fórmulas deformadas que se dan tendría realmente el efecto de producir el resultado precisamente contrario de lo que se esperaba de ellos. (Extensamente, comenté este tema en mis notas sobre la "Clavícula de Salomón", que publiqué hace pocos años.) Por ello, me parece que Abraham el Judío, en su afán por salvar a su hijo de peligrosos errores en las operaciones mágicas, prefirió esforzarse en colmarle de desdén hacia cualquier otro sistema y método de operación que no sea el aquí establecido. Pues además de las perversiones intencionales de los Símbolos Mágicos que mencioné, existía la otra circunstancia no sólo posible sino también probable de los muchos Grimorios de Magia Negra que cayeron en sus manos, como evidentemente ocurrió con Abraham, cuyos Símbolos son, en muchos casos, perversiones intencionales de los Nombres y Sellos Divinos, para atraer a los Espíritus Malignos y rechazar a los Espíritus Buenos.
En cuanto al Libro 3 de esta obra, está atestado de Cuadrados Cabalísticos de Letras, que son sencillamente otros tantos Pentáculos, y en los que los Nombres empleados son los factores mismos que los tornan valiosos. Entre ellos, encontramos una forma del célebre SATOR, AREPO, TENET, OPERA, ROTAS, que es uno de los Pentáculos de la''Clavícula de Salomón". La fórmula de Abraham es levemente diferente;
Y se la ha de usar para obtener el amor de una doncella.
El Pentáculo de mi "Clavícula del Rey Salomón" está clasificado bajo Saturno, mientras que el anterior se aplica
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a la naturaleza de Venus. Doy la forma hebrea (ver Apéndice A, Tabla de letras hebreas y caldeas) de equivalentes:
O en letras latinas:
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Figura sacada de las clavículas del rey Salomón. El segundo pantáculo de Saturno. Este pantáculo es de gran valor en las adversidades y de uso especial para reprimir el orgullo de los espíritus.
La forma más perfecta existente de doble acróstico en lo que concierne al arreglo de las letras, se repite constantemente en los registros de la magia medieval, y, salvo algunos, la derivación del presente pantáculo ha sido desconocida. Se verá a primera vista que es cuadrado de cinco, dando veinticinco letras que añadidas a la unidad da veintiséis, el valor numérico de IHVH. El versículo hebreo que lo rodea es el 8 del salmo 72: "Su dominio será también desde un mar hasta el otro, desde el diluvio hasta el fin del mundo." Este pasaje Consta también de exactamente veinticinco letras y su valor numérico total (considerando las letras finales con los números aumentados), añadido al valor numérico del nombre de Elohim, es exactamente igual al valor numérico total de las veinticinco letras en el cuadrado.
En la "Clavícula de Salomón" (por ser un Pentáculo) hay inscripto dentro un círculo doble, en el que está escrito el siguiente versículo del Salmo LXXII, versículo 80: "Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra". En hebreo, este versículo consiste exactamente en veinticinco letras, el número de las letras del cuadrado. De inmediato se advertirá que esta forma y la que da Abraham el Judío son ejemplos perfectos de Acrósticos dobles, o sea, que se leen en todas direcciones, ya sea horizontal como perpendicularmente, hacia atrás o hacia adelante. Pero se dice que la forma que, como Pentáculo, se da en la "Clavícula del Rey Salomón" es valiosa en la adversidad y para reprimir el orgullo de los Espíritus. Por tanto, este ejemplo demuestra con claridad que Abraham no se opone tanto al uso de los Pentáculos Simbólicos, como a sus perversiones ignorantes y uso inapropiado.
También se observará que si bien muchos Cuadrados Simbólicos de Letras del Libro 3 presentan la naturaleza del Acróstico doble, también hay muchos que no, y en el caso de gran cantidad las letras no llenan enteramente el cuadrado sino que están ordenadas como en forma de gnomon, etc. Asimismo, otras dejan en blanco la parte central del cuadrado.
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En el Apéndice C5 de la Introducción, a modo de comparación, daré algunos ejemplos de invocación Angélica, tomados de otras fuentes.
Abraham el Judío admite repetidamente, como ya lo expresé, que este particular Sistema de la Magia Sagrada de Abramelín tiene su Base en la Cábala. Conviene examinar qué quiere decir esto aquí. La Cábala misma está dividida en muchas partes; en general es de naturaleza mística y doctrinal, dando el significado interior Oculto de los Escritos Sagrados judíos.
Asimismo, emplea los valores numéricos de las Letras hebreas, para extraer analogías entre las palabras, el valor numérico total de cuyas letras es el mismo; esta rama sola es un estudio complicadísimo, y será ajeno a nuestro propósito introducirnos en esto; me remito, en cuanto a esto, a mi obra "La Cábala Revelada", que trata extensamente estas cuestiones. La denominada Cábala Práctica es la aplicación de las enseñanzas místicas para la producción de efectos mágicos. En cuanto a la clasificación de los Nombres Divinos y Angélicos; de las Huestes y los Ordenes de Ángeles, Espíritus y Demonios; de particulares Nombres de Arcángeles, Ángeles, Inteligencias y Demonios, esto se encontrará desarrollado hasta el mínimo detalle en la Cábala, de modo que el conocimiento de aquí podrá dar una apreciación crítica de las correspondencias, simpatías y antipatías existentes en el Mundo Invisible. Por tanto, lo que Abraham significa es que este sistema de la Magia Sagrada es cabalmente confiable, porque es correcto en todas sus atribuciones y, al serlo, no hay posibilidad de que el Operador use los Nombres y las Fórmulas en ocasiones equivocadas o desacertadamente.
5 Ver Apéndice C, "Ejemplos de Invocación Angélica".
Pero también es de notar que Abraham el judío (probablemente con el propósito de confundir a Lamec lo menos posible) habla sólo de dos grandes clases de Espíritus: los Ángeles y los Demonios: los primeros para controlar, los últimos para que los controlen; y deja
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enteramente fuera de consideración, o más bien no describe a la vasta raza de seres, que son los Espíritus Elementales, quienes en sí mismos abarcan una infinidad de diversas divisiones de clasificación, siendo algunas de éstas buenas, algunas malas, y una gran proporción ni una cosa ni la otra. Evidentemente, también muchos resultados que se proponen como alcanzables en el Libro 3, implicarían el uso de los Espíritus Elementales más que el de los Demonios. Ningún Adepto avanzado, como Abraham evidentemente lo fue, es posible que pudiera ignorar la existencia de aquéllos, su poder y su valor; y por tanto, nos vemos obligados a sacar en conclusión que él se negó a revelarle a Lamec este conocimiento; o, lo que es infinitamente más probable, temió confundirlo con la enorme cantidad de instrucción complementaria que sería necesaria para hacer que él entendiera cabalmente su clasificación, naturaleza y oficios. Esta última línea de acción sería la menos imperiosa, pues lo correcto de los símbolos del Libro 3 minimizaría las posibilidades de error; y lo que Abraham se pone a enseñar a Lamec es cómo llegar a resultados Mágicos prácticos más bien que la Sabiduría Secreta de la Cábala.
Está por entero más allá del alcance de esta Introducción que yo dé aquí una larga disertación sobre las naturalezas, buenas o malas, de los seres Espirituales. Por tanto, sólo expresaré breve y concisamente las diferencias principales entre Ángeles, Elementales y Demonios.
Podemos entonces concluir con que los Ángeles, aunque divididos en numerosos órdenes y clases, poseen generalmente las siguientes características: son enteramente de naturaleza y operación buenas, administradores conscientes de la Voluntad Divina en el plano del universo material; son agentes responsables, no irresponsables y, por tanto, capaces de caída; y son independientes de las corrientes de las infinitas Fuerzas Secretas de la Naturaleza y, por ello, pueden actuar más allá de ellas, aunque su clasificación y cualidades harán que simpaticen con más de algunas de estas
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fuerzas que con el resto, y esto en grado variable. Asimismo, ellos son de poder superior a los Hombres, Elementales y Demonios.
Por el otro lado, aunque los Elementales consisten en una infinidad de clases, son las Fuerzas de los Elementos de la Naturaleza, los administradores de las corrientes de ésta; y, por tanto, jamás pueden actuar más allá de las particulares corrientes propias ni independientemente de ellas. Por ello, en un sentido, son irresponsables de la acción de una corriente en conjunto, aunque son responsables de la parte en la que inmediatamente actúan. Por tanto, también están, al mismo tiempo, sujetos a la corriente general de la Fuerza, en la que viven, se mueven y tienen su ser; aunque son superiores a la parte inmediata y particular de lo que dirigen. Tales razas, superiores al hombre en intuición y poderes mágicos; inferiores a él en otros sentidos; superiores a él en su poder en una particular corriente de un Elemento; inferiores a él en que sólo participan de la naturaleza de ese único Elemento; se encontrarán necesariamente, y de modo constante y recurrente, en todas las Mitologías de la antigüedad. Los Enanitos y Duendes de los escandinavos; las Ninfas, las Hamadríadas y los Espíritus de la Naturaleza, de los griegos; las Hadas buenas y malas de las leyendas, caras para la época de nuestra niñez; la hueste de Sirenas, Sátiros, Faunos, Silfos y Duendes; las Fuerzas a las que se procura atraer y propiciar con los Fetiches de la raza negra; son, para la mayoría, no otra cosa que las mal entendidas manifestaciones de esta gran clasificación: los Elementales. Como ya lo observé, entre éstos algunos son buenos; como las Salamandras, las Ondinas, los Silfos y los Gnomos, de la Filosofía Rosacruz; muchos son terriblemente malignos, deleitándose en todo género de maldad, y los no iniciados podrían confundirlos fácilmente con Demonios, salvo que su poder es menor; una gran proporción de ellos no es buena ni mala, y trabaja irracionalmente en uno u otro sentido; como actúa un monito o un loro; de hecho, se parecen tan estrechamente
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a los animales en su naturaleza, y especialmente a combinaciones de animales, en cuyas formas deformes y mixtas, radicaría su manifestación simbólica. Otra clase muy grande, no suele actuar irracionalmente de esta manera, sino con intención, sólo que siguiendo siempre la fuerza predominante que, a la sazón, puede ser buena o mala en su entorno; por ejemplo, un espíritu de esta índole, atraído dentro de un conjunto de buenas personas suele empeñarse en suscitar ideas hacia el bien; atraído entre personas de mentalidad maligna suele incitarlas mentalmente al delito. "¡Cuántos son los delincuentes cuya única excusa es que pensaban que estaban oyendo algo que les decía que cometieran el delito!" Pero estas sugerencias no suelen surgir siempre sólo de los Elementales, sino, con frecuencia, de depravados restos astrales de personas malignas que fallecieron.
Por otra parte, los Demonios son mucho más poderosos que los Elementales, pero su acción en favor del Mal es paralela a la de los Ángeles. Buenos en favor del Bien; y su malignidad es mucho más terrible que la de los Elementales Malignos, pues al no estar, como ellos, sujetos a los límites de cierta corriente, su esfera de operación se extiende sobre un ámbito mucho mayor; mientras el Mal que cometen jamás es irracional ni mecánico, sino elaborado con plena conciencia e intención.
No concuerdo enteramente con la manera de conducirse que Abraham aconseja respecto de los Espíritus; por lo contrario, los Iniciados verdaderos han sostenido siempre que el Exorcizador debe manifestar la máxima cortesía, y que sólo se debe recurrir a medidas más severas cuando son obstinados y recalcitrantes; y que ni siquiera a los Demonios debemos reprocharles su condición; observando que una línea contraria de acción introduce seguramente al Mago en el error. Pero quizás Abraham más bien se propuso prevenir a Lamec contra el peligro de ceder ante ellos, en un Exorcismo, siquiera en mínimo grado.
En esta obra, a la palabra "Demonio" se la emplea evidentemente casi como sinónimo de Diablo; pero, como
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lo saben las personas muy educadas, deriva del griego "Daimon", que antiguamente sólo significaba cualquier Espíritu, bueno o malo. Una obra colmada de sugestivas referencias mágicas es la célebre "Las mil y una noches", y es interesante señalar la cantidad de directivas del Libro 3 de esta obra para producir efectos similares a los allí celebrados.
Por ejemplo, el capítulo 9 del Libro 3 da los símbolos que hay que emplear para transformar a los seres humanos en animales (Animago), uno de los incidentes más comunes de "Las mil y una noches", como en el relato del "primer anciano y el labrador", el de los "tres Calendarios y las cinco damas de Bagdad", el de "Beder y Giauhare", etc., etc.; a diferencia de la transformación voluntaria del Mago en otra forma, como lo ejemplifica el "relato del Segundo Calendario", cuyos símbolos se dan en el Capítulo XXI de nuestro Libro 3.
Asimismo, estos capítulos recordarán a muchos de mis lectores los extraordinarios efectos mágicos que se dice que Fausto produjo; quien, de paso, como ya lo señalé, fue muy probablemente contemporáneo de Abraham el Judío.
Pero el modo con que se los produce, como se da en esta obra, no es la Magia Negra de Pacto y culto demoníaco, contra la cual nuestro Autor prorrumpe constantemente en invectivas, sino en lugar de ello un sistema de Magia Cabalística, similar al de la "Clavícula del Rey Salomón" y las "Clavículas de Rabí Salomón", aunque difiriendo en la circunstancia de la anterior invocación del Angel Guardián de una vez por todas, mientras en las obras que acabo de mencionar a los Ángeles se los invoca en cada Evocación por medio del Círculo Mágico. No podía, entonces, ser la intención de Abraham vituperar obras como éstas, o similares, puesto que, como su sistema, se fundan en el Conocimiento Secreto de la Cábala; como ésta, a su vez, derivaba del poderoso esquema de la Sabiduría Antigua, la Magia Iniciática de Egipto. En cuanto a todo estudioso profundo, al mismo tiempo, de la Cábala y de la egiptología moderna, la raíz y el origen de la primera ha de buscarse
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en ese país de los Misterios, el hogar de los dioses cuyos símbolos y clasificación formaban parte tan conspicua de los Ritos Sagrados; y del que, incluso hasta hoy, descendieron tantas recetas Mágicas. Pero, debemos efectuar una distinción muy cuidadosa entre la Magia realmente del Antiguo Egipto y las ideas y tradiciones árabes prevalecientes en el Egipto de épocas recientes. Creo que es el erudito Lenormant quien señala, en su obra sobre la Magia caldea, que la gran diferencia entre ésta y la egipcia era que el Mago de la primera Escuela invocaba realmente a los Espíritus, pero que el Mago de la última se aliaba y asumía los caracteres y nombres de los dioses para dar órdenes a los Espíritus en su Exorcismo; y esta última modalidad operativa no sólo implicaría de su parte un conocimiento crítico de la naturaleza y del poder de los dioses, sino también la afirmación de su confianza en ellos y su apelación a ellos para que le ayudaran a controlar atlas fuerzas evocadas; en otras palabras, el sistema más profundo de la Magia Blanca que sea posible concebir.
La siguiente cuestión digna de señalar es lo que Abraham insiste sobre que es preferible emplear nuestra lengua madre en la plegaria y la evocación; su principal razón para ello es la absoluta necesidad de comprender de modo acabado y pleno, con toda el alma y con todo el corazón, lo que los labios formulan. Si bien admito por completo la necesidad de esto, empero deseo expresar algunas razones en favor del empleo de un lenguaje distinto del nuestro. Primero y principal, que ayuda a la mente a que conciba el aspecto superior de la Operación cuando se emplea un idioma diferente y que se considera sagrado, y las frases en las cuales no se sugieren, por tanto, asuntos de la vida corriente. Luego, que el hebreo, el caldeo, el egipcio, el griego, el latín, etc., si se los pronuncia adecuadamente, son de vibración más sonora que la mayoría de los idiomas modernos, y por esa circunstancia pueden sugerir mayor solemnidad. Asimismo, que cuantos más lugares comunes se quiten de la Operación Mágica, mejor será. Pero concuerdo perfectamente con Abraham
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en que, ante todo, es imperioso que el Operador comprenda cabalmente el sentido de su Plegaria o Conjuro. Además, en estos idiomas antiguos, las palabras, implican "fórmulas de correspondencias" con más facilidad que las de los idiomas modernos.
Los Pentáculos y Símbolos son valiosos corno base equilibrada y adecuada para la recepción de la fuerza mágica; pero a menos que el Operador pueda realmente atraer esa fuerza hacia ellas, no son sino otros tantos diagramas muertos y, para él, carentes de valor. Pero cuando los usa el Iniciado que comprende su significado plenamente, se convierten para él en una protección y una ayuda poderosas, que secundan y enfocan las actividades de su Voluntad.
A riesgo de repetir lo que ya dije en otra parte, debo prevenir al estudioso del Ocultismo contra la formación de un juicio equivocado de lo que Abraham el Judío dice respecto del uso de los Círculos Mágicos y de la autorización a los Espíritus para que se marchen. Es cierto que en la Convocatoria de los Espíritus como él la establece, no es necesario formar un Círculo Mágico para defensa y protección; pero, ¿por qué? Porque todo el grupo del Aposento, el Oratorio y la Terraza son consagrados mediante las Ceremonias preparatorias de las Seis Lunas anteriores; de modo que todo el lugar está protegido, y el Mago, por así decirlo, reside constantemente dentro de un Círculo Mágico. Por tanto, también de la autorización para marcharse puede prescindirse porque los Espíritus no pueden irrumpir dentro del límite consagrado de la periferia de los muros de la casa. Pero que quien opere Evocaciones corrientes se asegure de que si esto no fuera así, y la Convocatoria se realizara en un sitio no consagrado, sin Círculo Mágico alguno que se haya trazado como defensa, la invocación de la aparición visible de potencias terribles como Amaimón, Egyn y Belcebú darían probablemente por resultado la muerte del Exorcista en ese mismo lugar; tal muerte presenta los síntomas de quien sufre epilepsia, apoplejía o estrangulación, variando
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con las circunstancias existentes en ese momento. Asimismo, una vez formado el Círculo, que el Evocador se precava cuidadosamente para no pasar, agacharse o inclinarse más allá de sus límites durante el Exorcismo, antes de que haya dado la autorización para marcharse. Porque, incluso independientemente de otras causas, todo el objeto y todo el efecto de la operatividad del Círculo es crear condiciones atmosféricas anormales, promoviendo dentro del Círculo un diferente estado dinámico que el que existe sin él; de modo que incluso sin el oculto accionar maligno de los Espíritus, el cambio atmosférico repentino y no preparado afectará gravemente al Exorcista en el estado de intensa tensión nerviosa en que se hallará. Asimismo, la autorización para marcharse no debe omitirse, porque las Fuerzas Malignas estarán muy complacidas en vengarse del Operador que las molestó, si él, incautamente, abandona el Círculo sin antes despedirlas y, si es necesario, incluso obligarlas a que se marchen mediante conjuros contrarios.
No participo de la opinión de Abraham sobre la necesidad de rehusar la Operación de esta Magia Sagrada a un Príncipe o Potentado. Todo gran sistema del Ocultismo tiene sus propios Guardianes Ocultos, que sabrán cómo vengar a quienes en él, se entremetan.
A riesgo de repetirme advertiré una vez más, encarecidamente, al estudioso contra la peligrosa naturaleza automática de ciertos Cuadrados Mágicos del Libro 3; pues, si se los descuida, son muy proclives a obsesionar a las personas sensibles, a los niños, e incluso a los animales.
Son dignas de cuidadosa nota las observaciones de Abraham relativas a los errores de la Astrología en el sentido común, y de la atribución de las Horas Planetarias. Empero, descubrí que la atribución corriente de las Horas Planetarias es eficaz hasta cierto punto.
En todos los casos en los que hay algo difícil u oscuro en el texto, añadí abundantes notas explicativas, tantas
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realmente como para formar una especie de comentarios en partes. Especialmente, las relativas a los Nombres de los Espíritus, me costaron un trabajo increíble, por la dificultad para identificar sus formas radicales. Lo mismo puede decirse de las notas sobre los Símbolos, en el Libro 3.
Siempre que empleé paréntesis en el texto real, muestran el agregado de ciertas palabras o frases para aclarar más el significado.
En conclusión, sólo diré que escribí esta Introducción explicativa únicamente como ayuda para los genuinos estudiosos del Ocultismo; y que me tiene sin cuidado la opinión del crítico literario corriente que no entiende ni cree en el Ocultismo.
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